Cuando toda la casa quedó en silencio, una diminuta lucecita apareció junto al rodapié. Era Pérez, con su pequeña mochila y unos bigotes que temblaban de emoción.
Aquella noche llevaba una misión importante. Había recibido una nota: en una habitación cercana le esperaba un diente que había trabajado muchísimo, mordiendo manzanas, sonriendo en fotografías y acompañando cientos de risas.
Pérez caminó despacio hasta la cama, encontró el pequeño tesoro bajo la almohada y lo guardó con cuidado. A cambio dejó una sorpresa y una nota diminuta.
Antes de marcharse, miró al niño que dormía y pensó que aquello era lo que más le gustaba de su trabajo: no coleccionaba dientes; coleccionaba historias.
Y, sin hacer ruido, volvió a desaparecer por la lucecita del rodapié.
Buenas noches ✨